Cuenta la leyenda que en el caserío de Parihuanás, lugar rodeado de esplendidas pampas y verdes campiñas, regadas por los más cristalinos riachuelos y en cuyas invernas sacian el hambre los mejores ganados y donde el campesino diariamente cultiva los tradicionales alimentos, algunos lugareños guardan celosamente el recuerdo de muchas alucinantes historias y que son contadas en las frías tardes por los más veteranos de la familia. Hace muchos años por esas tierras vivía Juan Soto, hombre amante a la buena vida, al placer y a disfrutar de buenas fanfarreas del cual terminaba extasiado por efectos del maldito licor. Entre copas de aguardiente y mareado por el humo de tabaco, Juan consideraba más importante los vicios que el propio bienestar de su familia y muchas veces descuidaba sus obligaciones como padre y esposo.
Un buen día muy temprano alisto su “gata” o fiambre como se le llama a la comida, que llevan en su alforja hecha de hilo, para así poder saciar su hambre en las largas faenas, se despidió como quiera de sus hijos y esposa y fue a trabajar. Como de costumbre al término de las labores junto con los demás “peones” empezó a tomar cañazo. Don Juan tomó y tomó hasta emborracharse por completo, sus amigos se fueron antes que oscureciera el día, otros un poco más tarde, dejándolo solo envuelto en su tradicional poncho de lana de oveja. Después de un tiempo de haber quebrantado la borrachera, es decir dormir por un momento, se despertó y como quiera se puso de pie y emprendió el regreso a su casa. La luz de las luciérnagas era lo único que lo alumbraban por el camino, el sonido de los grillos y silbidos tristes de las aves nocturnas ,hacían que Juan sintiera un escalofrío penetrante, conforme avanzaba, la mente adormecida por momentos llegaba a su normalidad, pero a la vez llegaban a él esos relatos tenebrosos que sus padres y abuelos le contaron .Los nervios cundieron el cuerpo de aquel hombre y en el fondo de la oscuridad alcanzó a ver una hermosa mujer la cual lo llamaba con insistencia diciéndole con voz dulce y melodiosa: -¡Ven!!Ven! ¡Ven conmigo! , Te voy a enseñar muchas cosas bonitas y preciosas que te van a gustar mucho, don Juan muy sorprendido pero galante a la vez, fue donde se encontraba la mujer la cual comenzó a llevarlo hacía un jardín bellísimo y multicolor. Grande fue la sorpresa de don Juan al ver que ésta extraña mujer se iba convirtiendo en “Guandur”, que por estos lares se dice que es un enorme gato negro con ojos de color rojo brillante y que los antiguos dicen que es el mismo “demonio” convertido en felino. Al pobre Juan se le fue quitando totalmente la borrachera comenzando a dar gritos desesperado emprendiendo carrera tambaleando por efectos del cañazo y con miedo hasta que llegó a su casa , el cual ingreso rápidamente, dando un tremendo empujón a la puerta que despertó a toda su familia, los que se levantaron de la cama saliendo a ver lo que sucedía encontrando a don Juan tirado en el piso de tierra de la sala botando espuma por la boca y la nariz, al momento le dieron de beber agua bendita, la que siempre acostumbran tener por precaución y tienen por tradición de sus antepasados darle a alguien que le sucede algo parecido. Ellos esperaron pacientemente que se tranquilizara el moribundo hombre y pueda contar “parejito” lo sucedido.
Cuenta la gente que desde ese día don Juan abandonó para siempre el vicio del trago , nunca más volvió a tomar y se recogía temprano a su casa cuando asistía a las juntas y reuniones y cuando la noche lo ganaba pedía posada regresando al día siguiente a su casa sin haber probado licor alguno.
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