Allá por los años 1883, cuando los chilenos invadieron la serranía de Piura al mando del general Torres, el cual era un jefe déspota y sin sentimientos hacía los que se antojaba a todo pueblo que entraba, pedía despotamente que le sacrificarán algún animal para calmar el hambre de él y sus soldados, en otros casos para satisfacer sus institos varoniles, agarraba a la fuerza a cual mujer se le presentaba .Las tropas que iban en busca de cupos de guerra no les interesaba el sufrimiento que causaban. La gente de Frías ya habían tenido noticias que por la zona de Santo Domingo y Chalaco valientes hombres se habían enfrentado quedando muchas bajas en ambas partes, los Chalaqueños habían luchado fuertemente en la famosa “quebrada de la guerra”, de la cual había salido airosos, haciendo temblar a las tropas sureñas.
Los fríanos al mando de Don Lorenzo Córdova Mejía habían formado las famosas “montoneras” , que con hondas, machetes, palanas, chavetas, incluso algunos con armas de fuego se atrincheraron estratégicamente en las faldas de los cerros de Mastrante, letreros y Yapiay, lugares ubicados a pocos minutos del pueblo de Frías. Junto con otros hombres se alistaron para el combate como don Ricardo Alvarado, Zoilo Castillo, Santos Jara Sebastián Siancas, y su esposa Gertrudis Erazo, Manuel Monje, Parcemón Aguilar, Plácido Córdova, Marcos García, Manuel Berrú, Juan Campos Córdova, y su hermano de madre Pilar Julca Córdova y muchos otros hombres valientes. Los valerosos hombres hicieron retroceder a los invasores.
Airado por el revés sufrido, el coronel Carvallo, dispuso un destacamento de 300 efectivos de infantería y caballería, al mando del capitán Torres, partieron a someter a los valientes fríanos. Ante las fuerzas superiores a sus efectivos, los fríanos se retiraron al interior de sus montañas permaneciendo en el pueblo un reducido grupo de habitantes.
Sin resistencia alguna, el 30 de setiembre de 1883, el comandante Torres y sus soldados ingresaron al pueblo, lo saquearon, no respetaron ni siquiera la iglesia, a los hombres y mujeres que permanecieron en él los sometieron a humillaciones vergonzosas. Cuenta la tradición que don Sebastián Siancas fue hecho prisionero y que un día en que su esposa se dirigía a la iglesia para verlo, fue hecha prisionera y llevada ante un oficial chileno para ser ultrajada. Ante este hecho la señora Gertrudis llena de ira, aplica una certera puñalada en el abdomen del oficial, quien muere en el acto; los chilenos como represalia, fusilan en la puerta de la iglesia a don Sebastián Siancas y a su esposa.
Todavía cuentan que un señor de apellido Vaca, por temor a que fuera apresado, se había escondido en el templo del pueblo, detrás del altar mayor donde se encontraba la imagen del patrón San Andrés, cuando un soldado chileno se dirigía a profanar la “Custodia” de oro y otros objetos de valor, no pudieron por lo que el temeroso señor se puso muy nerviosos al pensar que alguna cosa mala le pasaría y el altar empezó a moverse, el chileno al ver esto dijo: -¡Dios está molesto, no hagamos esto¡ ¡Hay cucos malos! Y es así que se libro la custodia y el humilde señor Vaca.
Versiones que se han trasmitido de manera oral dicen que después de mucho tiempo los chilenos se retiraron del pueblo San Andrés de Frías y en el trayecto a la ciudad de Chulucanas una familia de apellido Palacios, que se dedicaba a la venta de chicha de jora, había preparado un poco de bebida con veneno la cual les dio de beber a los chilenos y para que no sospechen ellos también bebieron, muriendo así los invasores y la familia Palacios. Aun son recordados por su gran sacrificio y hazaña en honor a su patria el Perú.
Recopilador: Profesor José Cosmer Sánchez Troncos.
Los fríanos al mando de Don Lorenzo Córdova Mejía habían formado las famosas “montoneras” , que con hondas, machetes, palanas, chavetas, incluso algunos con armas de fuego se atrincheraron estratégicamente en las faldas de los cerros de Mastrante, letreros y Yapiay, lugares ubicados a pocos minutos del pueblo de Frías. Junto con otros hombres se alistaron para el combate como don Ricardo Alvarado, Zoilo Castillo, Santos Jara Sebastián Siancas, y su esposa Gertrudis Erazo, Manuel Monje, Parcemón Aguilar, Plácido Córdova, Marcos García, Manuel Berrú, Juan Campos Córdova, y su hermano de madre Pilar Julca Córdova y muchos otros hombres valientes. Los valerosos hombres hicieron retroceder a los invasores.
Airado por el revés sufrido, el coronel Carvallo, dispuso un destacamento de 300 efectivos de infantería y caballería, al mando del capitán Torres, partieron a someter a los valientes fríanos. Ante las fuerzas superiores a sus efectivos, los fríanos se retiraron al interior de sus montañas permaneciendo en el pueblo un reducido grupo de habitantes.
Sin resistencia alguna, el 30 de setiembre de 1883, el comandante Torres y sus soldados ingresaron al pueblo, lo saquearon, no respetaron ni siquiera la iglesia, a los hombres y mujeres que permanecieron en él los sometieron a humillaciones vergonzosas. Cuenta la tradición que don Sebastián Siancas fue hecho prisionero y que un día en que su esposa se dirigía a la iglesia para verlo, fue hecha prisionera y llevada ante un oficial chileno para ser ultrajada. Ante este hecho la señora Gertrudis llena de ira, aplica una certera puñalada en el abdomen del oficial, quien muere en el acto; los chilenos como represalia, fusilan en la puerta de la iglesia a don Sebastián Siancas y a su esposa.
Todavía cuentan que un señor de apellido Vaca, por temor a que fuera apresado, se había escondido en el templo del pueblo, detrás del altar mayor donde se encontraba la imagen del patrón San Andrés, cuando un soldado chileno se dirigía a profanar la “Custodia” de oro y otros objetos de valor, no pudieron por lo que el temeroso señor se puso muy nerviosos al pensar que alguna cosa mala le pasaría y el altar empezó a moverse, el chileno al ver esto dijo: -¡Dios está molesto, no hagamos esto¡ ¡Hay cucos malos! Y es así que se libro la custodia y el humilde señor Vaca.
Versiones que se han trasmitido de manera oral dicen que después de mucho tiempo los chilenos se retiraron del pueblo San Andrés de Frías y en el trayecto a la ciudad de Chulucanas una familia de apellido Palacios, que se dedicaba a la venta de chicha de jora, había preparado un poco de bebida con veneno la cual les dio de beber a los chilenos y para que no sospechen ellos también bebieron, muriendo así los invasores y la familia Palacios. Aun son recordados por su gran sacrificio y hazaña en honor a su patria el Perú.
Recopilador: Profesor José Cosmer Sánchez Troncos.